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Historias

Transformar la tierra, transformar la vida: la historia de Wendy

En las verdes colinas de La Palmera en San Carlos, Costa Rica, Wendy Hidalgo ha logrado algo extraordinario: transformar la degradación de su finca familiar en un modelo de sostenibilidad y adaptación al cambio climático. Lo que comenzó como una preocupación por el deterioro del suelo, se convirtió en un negocio ecológico con impacto comunitario, gracias al impulso de la iniciativa Adapt-ACTIVA del programa EbA LAC y el acompañamiento de Activa CATIE.

“El pasto no crecía, las boñigas no se descomponían… El suelo nos estaba gritando que necesitaba ayuda”, recuerda Wendy. La finca, trabajada por ella, su esposo y sus hijos, mostraba señales de agotamiento. En lugar de rendirse, Wendy vio una oportunidad.

Así nació Agroland Organic, un emprendimiento familiar basado en la producción de abonos orgánicos y bioinsumos. Utilizando los desechos del ganado y conocimientos adquiridos con apoyo del Ministerio de Agricultura y del programa EbA LAC, Wendy comenzó a elaborar compost, microorganismos benéficos y biofertilizantes, revolucionando la productividad de sus suelos y reduciendo el uso de químicos.

A través de la iniciativa Adapt-ACTIVA Wendy recibió no solo capital semilla para equipamiento, sino también mentoría estratégica. “Yo tenía muchas ideas, pero me ayudaron a enfocarlas. Aprendí a identificar a mis clientes, a usar redes sociales… y hasta a perder el miedo”, confiesa.

Los resultados no se hicieron esperar. Las pasturas revivieron, aparecieron lombrices en la tierra y productores de la zona empezaron a visitar la finca, interesados en sus productos. Hoy, Wendy no solo vende a agricultores locales, también sueña con abrir un centro de agroturismo y un espacio de ferias para mujeres emprendedoras rurales.

Lo que empezó como una idea ahora es una fuente de ingresos constantes para la economía familiar, Wendy y su familia hoy han diversificado su negocio y siguen soñando con hacerlo crecer, poder ser una fuente de empleo para mujeres amas de casa de la comunidad y vender sus productos en el mercado nacional a través de las grandes empresas.

Además, el emprendimiento de Wendy implementa medidas de adaptación basadas en ecosistemas: siembra de árboles para sombra, conserva el bosque, realiza recolección de agua de lluvia y protege la biodiversidad. Wendy también brinda talleres para que otras personas aprendan a producir sus propios bioinsumos, replicando el conocimiento en su comunidad.

Pero su motivación va más allá del negocio: “Lo que me mueve es dejar algo bueno para mis hijos y mi comunidad. Me canso, claro, pero me apasiona saber que estoy haciendo algo útil por el ambiente y por la gente”. Incluso su padre, que antes talaba árboles, hoy le pide arbolitos para sembrar en su finca. “¡Ya cambió el chip!”, dice entre risas.

Wendy demuestra que el cambio climático no solo se enfrenta con grandes inversiones, sino también con compromiso, creatividad y amor por la tierra. Su historia es una semilla de esperanza: cuando una mujer rural cree en su poder, florece un futuro más verde para todas las personas.